¡Madre mía! ¡Maravilloso! ¡Mirá que bonito!
Después de recorrer el increíble Valle Sagrado, nos dirigimos a la estrella turística del Perú, a la portada del Lonely Planet, el destino nº1 de Sudamérica: Machu Picchu. Seríamos uno más de los casi 1.5 millones de visitantes anuales que recibe el lugar.
Después de investigar cuáles eran las opciones para llegar hasta allí sin gastar una fortuna, decidimos seguir los consejos de varios aventureros motorizados como nosotros, e intentar llegar lo más cerca posible en nuestra furgoneta—el resto lo haríamos caminando. Son pocos los que van por carretera, teniendo que coger 1 o 2 buses, con horarios apretados (salen a las 6 AM desde Cuzco), y embutirse como sardinas con los demás turistas. Y mucho menos son los que después del bus caminan 30 km para subir a la llaqta. La mayoría de la gente opta por tomar el sobrevalorado tren que sale desde Cuzco. Esta opción tiene varias tarifas (hay dos empresas que ofrecen el trayecto hasta Machu Picchu, desde 3 puntos de partida, incluyendo Cuzco—la más concurrida), la más barata cuesta $140 USD solo el tren (es decir sin incluir la entrada a las ruinas), y hay trenes de lujo con un montón de servicios adicionales innecesarios y parafernalia turística que ascienden hasta sobrepasar los 500 dólares, un escándalo (también sin contar la entrada que suele ser más de $100).
Nuestro plan era simple: conducir por carretera hacia el pueblo de Santa Teresa (la mayoría era asfalto, afortunadamente), de ahí seguir la espeluznante trocha que lleva hasta la central hidroeléctrica del río Urubamba, allí dormir y al día siguiente caminar por las vías del tren los 9 km hasta la entrada inferior peatonal, y finalmente subir la empinada cuesta de 1.6 km con 500 m de desnivel (con escalones incas de piedra incluidos) hasta la llaqta (aldea) Machu Picchu. Pan comido.
Elegimos el día cuidadosamente, buscando que la Pachamama nos diera tregua en plena época de lluvias. Tuvimos suerte y las nubes se fueron por un día para despejar el cielo y mostrarnos el Machu Picchu de postal.
El trayecto es duro, no hay que negarlo. La carretera que va desde Santa Ana (donde termia el asfalto) hasta Santa Teresa no es tan grave, pero la trocha que va de ahí hasta la Hidroeléctrica es un viaje de 10 km lleno de derrumbes y abismos no apto para cardiacos.
La caminata no es fácil tampoco, al final son 30 km en un solo día, con caminos de piedra y un ascenso duro a pleno rayo del sol. Pero por más duro que sea, vale la pena. La primera parte es especialmente bonita, el paisaje selvático y la caminata por las vías del tren hacen que el paseo sea muy ameno y único.
Este camino incluye puentes antiguos industriales de hierro que cruzan el caudaloso río Urubamba, y los ocasionales pasos del ruidoso tren lleno de turistas que eligieron el camino aburrido y sin mérito.
La segunda parte del camino es la subida hasta la llaqta. El desnivel y el cansancio son duros de afrontar pero las ganas de llegar y ver Machu Picchu con tus propios ojos te hace sacar las fuerzas necesarias. Por fortuna estábamos aún en forma y lo conseguimos (gracias en parte a nuestra fiel aliada: erythroxylum coca 🍃).
Al legar a la llaqta uno se encuentra con la horda de zombies turísticos que llegan en tren o en bus (o sea que no suben caminando) a primera hora para aprovechar las ruinas.
El detalle de las ruinas no lo vamos a explicar aquí, para los apasionados de la arqueología hay más blogs o páginas web que lo describen muy bien (o simplemente vayan en persona, vale la pena). Además, haría innecesariamente aburrido este post. Más bien les dejamos las fotos que hablan por sí solas.
La famosísima ciudad perdida inca ha sido objeto de muchas especulaciones y conjeturas, y aún no se sabe con certeza todo sobre la ciudad donde vivió la elite de los incas. Como todas las llaqtas o ciudades incas, tiene todos los imprescindibles: el Intihuatana, el templo del sol, el templo de la luna, los baños sagrados, entre otros.
Algunos detalles del lugar más turístico del continente sí que vale la pena contar. Como cuando el rey de España en 1978 viajó en helicóptero a Machu Picchu, y para que pudiera aterrizar en medio de la plaza de la llaqta, el gobierno peruano ordenó quitar un monolito que habían erigido los incas allí. Después de intentar ponerlo y retirarlo nuevamente en otra ocasión, el monolito acabó rompiéndose y destruyéndose.
Otro lamentable desastre fue el daño provocado por una grúa durante la filmación de un comercial televisivo para la cerveza Cusqueña en el año 2000.
Estos y otros tristes daños al invaluable legado de la cultura inca nos hacen pensar sobre la imprescindible protección del patrimonio cultural de la humanidad. De hecho, la UNESCO estuvo a punto de retirar su apoyo a Perú por la mala gestión que estaban haciendo de la explotación turística de Machu Picchu. Por eso hoy en día las normas son muy estrictas para entrar: aforo limitado, horarios exactos, precios altos, y muchos trabajadores que vigilan las ruinas a toda hora. Tal vez así cuidarán un poco mejor del lugar. Aunque a veces son demasiado estrictos: por ejemplo, no hay baño más que a la entrada/salida (en promedio la visita de las ruinas dura unas 4 h mínimo), la visita solo se puede hacer en un sentido, y a pesar de pagar casi 100 dólares (entrada reducida para latinoamericanos) el baño se paga a parte, y si llegas 10 minutos tarde no entras (esto es importante sobretodo para los que van a pie como nosotros y tienen que calcular los tiempos)…
Machu Picchu entró en la lista de las 7 nuevas maravillas del mundo en 2007—un proyecto mediático, con poco control, con ánimo de lucro, que no fue auspiciado por la UNESCO ni por entidades transparentes y libres de sesgo. Los peruanos, que no son tontos, habrían aprovechado esto para subir los ya altos precios de la entrada. Otro engaño del que son víctimas muchos turistas es el del descubrimiento de las ruinas de Machu Picchu por un historiador gringo. La verdad es que los locales siempre han sabido de su existencia. Lo raro es que los colonizadores españoles no hayan hablado mucho de él en sus relatos escritos, pero desde que el historiador Bingham describiera su equivocado hallazgo de 1911 (buscaba la ciudad perdida de Vilcabamba), el interés por estas tierras ocultas creció hasta la explotación masiva que sufre en el siglo XXI.
También está el conocido Camino del inca, un sendero de más de 40 km que permite llegar caminando hasta Machu Picchu desde Ollantaytambo. El sendero no es gratis, obviamente, y por supuesto no es barato (vale casi $ 300 USD). Lo cierto es que seguramente había muchos “caminos del inca”, aunque al final solo uno llegara hasta la exclusiva llaqta. Esa opción, aunque atractiva por la aventura de senderismo por increíbles paisajes, nos pareció demasiado cara y extenuante para lo que es. Hay muchos caminos incas igual o más bonitos, que además son gratis.
Lo que nunca nos ha faltado en este viaje es la buena compañía: especialmente la compañía animal. En este camino encontramos de todo: mariposas, lagartos, vizcachas, las imprescindibles llamas, y el inigualable perro peruano: el viringo.
En resumen, la experiencia fue muy buena, y el lugar no deja a nadie indiferente. Para nosotros lo que realmente lo hizo valer la pena fue toda la aventura con la caminata incluida. Tal vez si hubiéramos ido en tren no lo hubiéramos apreciado tanto.
Después de la visita, regresamos aún con energías, así que decidimos volver hasta Santa Teresa por la trocha espantosa para descansar allí, lejos de las tropas incansables de turistas que goteaban sin cesar hacia la llaqta sagrada.


































Subir caminando!!! Sois unos valientes!!!! El lugar realmente es precioso y merece la pena la visita aunque haya aglomeración de visitantes 🥰🥰🥰🥰😘😘😘😘😘