Con mucha tristeza abandonamos el país tropical que tantas cosas buenas nos había traído. Pasar a Argentina fue un duro golpe. Descubrimos que desde nuestra última visita hacía 6 meses la economía había seguido cayendo en picado. No pudimos comprar muchas frutas ni verduras frescas en Brasil por la limitación que existe en las fronteras para poder cruzar con productos frescos y de origen animal. A nuestra llegada, cuando fuimos a abastecernos al supermercado argentino más cercano, nos sorprendimos al descubrir que todo se había encarecido muchísimo, y nos dio muy duro no poder encontrar nuestros productos tropicales preferidos, las frutas—que tanto abundan en Brasil.
Nuestra llegada no fue como esperábamos, nos dieron muchas saudades do país tropical, más de lo que esperábamos… pero luego todo mejoraría.
El río Paraná y el río Iguazú delimitan los estados de la triple frontera (Paraguay, Argentina y Brasil). Las fronteras existen, pero no para los pueblos que viven en esta zona: los Guaraníes. Este pueblo seminómada habita desde tiempos prehispánicos en dicha región. Unicamente en Brasil se estima existen 50.000 indígenas guaraníes, siendo así el pueblo originario más importante en todo el país. Tristemente su historia se vio enturbiada por la llegada de los colonizadores y los misioneros.
La triple frontera entre los ríos Paraná e Iguazú, visto del lado argentino.
Se dice que los colonizadores directamente esclavizaban a los indígenas guaraníes y que debido a eso muchos optaron por resguardarse en las misiones jesuitas. A estas misiones las llamaban reducciones, y no eran más que asentamientos organizados por los jesuitas con el objetivo de evangelizar. Era un nombre muy acertado, porque realmente los reducían como cultura.
Las misiones jesuíticas comenzaron en 1609, y tuvieron un gran auge en el siglo XVII. En esa época, la crisis interna sufrida por la iglesia los dejó con pocos followers (o seguidores), así que los jesuitas (habitualmente 2 o 3) eran enviados desde España a conquistar almas. Cuando llegaron a la región de los guaraníes lo hicieron sin apenas recursos, y poco a poco fueron construyendo grandes asentamientos. Todos con una organización similar. Se construían en torno a una plaza principal donde se erigía la iglesia, y en torno a ella talleres de trabajo manual y residencias.
Los indigenas que optaban por unirse a alguna de estas misiones debían adoptar las costumbres cristianas. En primer lugar formar una familia monógama y vestirse (ellos practicaban la poligamia y no utilizaban vestimenta). Luego en los talleres organizados por los jesuitas se formaban en trabajos manuales. Los guaraníes que eran cazadores y recolectores, rápidamente fueron abandonando sus costumbres por aquellas traídas del viejo mundo.
En el siglo XVIII conocieron su mejor época, alcanzando una población de más de 120·000 personas en las misiones con una organización sin precedentes. Estas misiones constituyeron un antes y un después para el pueblo guaraní. En el año 1767, al ver el creciente y amenazador poder que estaban consiguiendo las reducciones (y debido a la crisis y decadencia de la monarquía hispánica de esa época), la corona española ordenó expulsar a los jesuitas de sus tierras en el nuevo continente. Entonces, el pueblo guaraní nunca más pudo volver a la naturaleza. Los niños nacidos en las misiones nunca más fueron lo que habían sido sus antepasados. Habían casi olvidado por completo sus costumbres.
Se sabe sin embargo que otros resistieron en la selva. Con la llegada de los jesuitas a principios del siglo XVII, algunos se negaron a adoptar el nuevo estilo de vida y prefirieron huir a la selva y esconderse allí. Los descendientes de estos indígenas son los que hoy en día mantienen sus costumbres ancestrales.
Los guaraníes creen que cuando uno muere va a un mundo mejor, que este mundo y esta vida son nada más un paso antes de llegar a la siguiente vida. Sus creencias incluyen la búsqueda de la Tierra sin mal: algo como el paraíso cristiano pero que a diferencia de éste se puede alcanzar en vida. Por ese motivo no ahorran y viven el día a día modestamente con lo que la naturaleza les da. Nosotros por el camino nos acercamos a comprar unas artesanías y le colaboramos a una familia guaraní.
Ya conocíamos parte de esa historia antes de llegar a la zona de las misiones, por lo que nos mostrábamos algo reacios a visitar las reducciones. Por supuesto que nadie está de acuerdo con la colonización ni la imposición por la fuerza que hicieron los españoles y portugueses en Latinoamérica. Pero la historia fue así, no se puede cambiar. Por eso es tan importante conocerla y recordarla: para que no se repita. Así como en la vida se aprende de los errores del pasado.
Por eso decidimos ir a visitar las misiones en el lado Argentino.
Primero conocimos la misión jesuítica de San Ignacio. En ella destaca su plaza principal y sobre todo las ruinas de la fachada de la iglesia principal, muy bien conservadas. Esta misión fue una de las más grandes, llegó a albergar 3000 personas. Ademas de las casas para las familias casadas, tenían otras separadas para solter@s/viud@s, los cuales eran custodiados por una persona de confianza de los jesuitas. Esta misión de San Ignacio adquirió tanto poder que incluso se organizo políticamente, con un grupo de líderes guaraníes (caciques) elegidos democráticamente que discutían y negociaban las leyes con los jesuitas. Además, para abastecer a tanta población no era suficiente lo que obtenían de las tierras, así que intercambiaban con otras misiones cercanas productos como carne y otros alimentos/enseres. Gracias al trueque se mantuvieron independientes durante años.
De allí pasamos a la misión de Loreto. Esta misión, mucho menos visitada que la anterior, está hoy en día prácticamente escondida bajo la frondosa vegetación tropical, que con los años le fue ganando la batalla a las construcciones. Lo mejor conservado de ésta reducción es el sistema de letrinas. Bajo la estructura pétrea de las letrinas los jesuitas habían canalizado agua para drenar naturalmente los desechos, algo muy novedoso para la época. Cabe notar que los guaraníes no tenían derecho a utilizar estas instalaciones, solo eran aptas para los culos más santos.
Por ultimo vimos la misión de Santa Ana. Quizá la reducción más abandonada. Su plaza central estaba ya repleta de palmeras y animales salvajes. En esta destacaba el pozo de agua, con el que regaban las huertas de la reducción. A cada familia guaraní, una vez casados, se les entregaba un terreno cuya tierra labraban y a su vez intercambiaban sus ancestrales conocimientos agrícolas con los jesuitas.
Nos dijeron en las visitas guiadas que las misiones del lado Paraguayo están muy bien conservadas, seguramente porque los jesuitas permanecieron más tiempo allí asentados. Aunque nos animaron a cruzar a Paraguay nosotros decidimos que ya habíamos tenido suficientes misiones. Al final todas destacan por algo en particular pero la historia se repite.
Paseamos bordeando el río Paraná y sus playas del lado argentino. Veíamos al otro lado del río Encarnación, muy similar a donde estábamos en el lado Argentino, Posadas.
Las bonitas playas del río Paraná
Por eso—y porque tampoco encontramos muchos más atractivos que visitar por esas tierras—, decidimos seguir hacia el chaco argentino, donde nos habían hablado de unos parques naturales remotos y salvajes…
En el siguiente post les contaremos más de nuestro paso por la Argentina más abandonada.
* Los guaraníes hoy*
Los guaraníes han logrado que su lengua guaraní haya resistido a siglos de conquista, explotación, opresión, y discriminación: en Paraguay, Bolivia, las regiones de Corrientes en Argentina y Tacuru en Brasil el idioma guaraní es oficial. Se estima que lo hablan unas 8 millones de personas. La lengua guaraní es el tercer idioma después del griego y latín que más aportó a la botánica tanto en los nombres de las diversas plantas como en los conocimientos por parte de los guaraníes. Ellos fueron, por ejemplo, los primeros que cultivaron la yerba mate. Muchos de nosotros hablamos guaraní sin saberlo. El nombre del famoso rey de la selva amazónica proviene del guaraní «yaguar» ‘fiera’ y «eté» ‘verdadero’, yaguá-eté o yaguareté (abreviado yaguar o jaguar).
Actualmente, los guaraníes reclaman que se les reconozca como nación, y exigen que se cumplan las leyes que los protegen como pueblo originario. Han sido desplazados, principalmente en Brasil, donde la presión—para cultivar masivamente soja transgénica como alimento del ganado—les ha obligado a desplazarse y les ha llevado hasta el suicidio (los guaraníes brasileros tienen la tasa de suicidio más alta del mundo).
Creemos que tienen razón, y que deberían seguir su lucha, para vivir en sintonía con la naturaleza, cuidándola y respetándola. Como lo han hecho siempre.



























ojalá aprendamos de los errores y rectifiquemos, todavía estamos a tiempo.
Los lugares magníficos!!! Pero siento dolor y vergüenza por el trato dado durante siglos a los nativos, ojalá conocer la historia nos haga no repetir los malos momentos.