Estábamos renovados después de varios días en Floripa, así que nos pusimos las botas chanclas (¡que hacía mucho calor!) y nos dedicamos a hacer muchos kilómetros para alcanzar nuestro siguiente destino: las cataratas de Iguazú.
Como siempre las carreteras brasileñas nos hicieron la labor fácil. Nos esperaban 965 km, así que hicimos una parada intermedia a las afueras de Curitiba y al día siguiente completamos la travesía. Llegamos de noche a Foz do Iguaçu y descansamos en el parking del punto de información turística de la ciudad. Esta ciudad, es una de las 3 que forman la triple frontera de Argentina (Puerto Iguazú), Paraguay (Ciudad del Este) y Brasil.
Argentina y Brasil son los que se reparten el atractivo turístico de las 275 cataratas que tiene el parque natural Iguazú. Mucha de la gente que visita estas famosísimas cascadas lo hacen por ambos países, ya que la experiencia cambia. Es el lado Argentino el que más número de cascadas tiene (el 80%), pero a su vez esto hace que sea del lado brasileño desde donde se vean más número de saltos de agua ya que están al frente. Por eso, y por el plus que tienen las brasileñas– que es desde donde se puede adentrar más en la famosa Garganta del Diablo– decidimos visitar este lado.
A la mañana siguiente, descansados tras la larga conducción, nos mentalizamos para afrontar el Disneyland de las cataratas. Todo el mundo sabe que son muchas las personas que visitan las cataratas cada año, pero aún así nos sorprendió el gentío. Salía gente de todas las esquinas y se aglomeraban en filas interminables: fila para las entradas, fila para foto, fila para el bus, fila para las escaleras…
Tras mucho esperar nos subimos al bus que nos llevaría a los circuitos peatonales desde donde se pueden ver a lo lejos las cataratas de Iguazú del lado argentino.
Al final del circuito llegamos al punto más especial y más abarrotado de todos. La Garganta del Diablo 👹 y sus miradores. La garganta del diablo además de poseer el salto de agua más alto de todos (de 80m) es un impactante semicírculo donde se agrupan decenas de cascadas. Su fuerza, su majestuosidad y el constante sonido del agua son difíciles de olvidar. No hay nada como adentrarse y sentir en persona el poder de una de las «7 maravillas de la naturaleza».
Ese es el punto donde se concentran la mayor cantidad de cascadas y de agua. Miles de litros por segundo (entre 1500-1800!) cayendo al vacío y dispersándose en el aire. Maravilloso sí, pero al acercarte, el agua persistente te empapa sin piedad; aunque también asegura diversos arcoíris en los días soleados.
Además de los senderos peatonales que bordean las cataratas (con alguna plataforma que se acerca al borde) se pueden alquilar paseos en barco o en helicóptero, por supuesto más caros. Al final se puede hacer desde lo más básico -caminar por un lado de las cataratas- hasta lo más completo -ir a los dos países para verlas de todos los ángulos, alquilar un helicóptero para verlas desde el aire o acercarte a los pies en barco. Hay para todos los gustos. Cada uno pone su límite en presupuesto y gusto. Nosotros nos quedamos satisfechos con pasear y admirar las cataratas como lo hicimos, no necesitamos más. Pero entendemos que hay gente apasionadísima que lo hace todo.
Además de las cataratas nos encantó el sitio en el que dormimos. Dentro del parque y área protegida de Iguazú, muy cerca de la entrada al parque, hay un ecolodge con estacionamiento amplio que recibe a viajeros motorizados como nosotros. Al incluir piscina nos pudimos refrescar y quitar el sudor de la caminata bajo el intenso sol. Pero lo más único y especial es su ubicación. Se encuentra en medio de la selva subtropical por lo que abundaba la fauna (sobre todo los insectos) y flora autóctona. La exuberante y tropical vegetación con sus bananeros y palmeras no dejaran de maravillarnos nunca.
En el parque Iguazú hay más de 2000 especies de plantas, muchos mamíferos (incluyendo al jaguar o yaguareté en guaraní), millones de insectos, aves y reptiles. Unas de esas criaturas, los cuatíes, están bien acostumbradas a los humanos. Y aunque a lo largo del parque hay advertencias de NO alimentarlos, desgraciadamente a la gente le siguen pareciendo «graciosos» y les dan comida, sin entender que de esta manera solo conseguimos romper el ciclo natural de las cosas.
Aquí está el resumen de nuestro paso por este espectáculo de la naturaleza:
Las cataratas de Iguazú (del guaraní y = agua, guazú = grande) eran conocidas y veneradas por los indígenas guaraníes hace cientos de años, mucho antes de que llegaran los colonizadores a redescubrirlas.
Cuenta la leyenda que los guaraníes creían que en el río Iguazú habitaba una temible serpiente, Mbói. Para calmar su ferocidad, los indígenas sacrificaban a una mujer una vez al año, arrojándola a las aguas como ofrenda para la bestia. Un día un valiente guaraní raptó a la doncella elegida, para salvarla del tradicional rito, escapando con ella en canoa río abajo. Cuando Mbói se dio cuenta, su ira fue tal que partió el curso del río en dos encorvando su lomo.
Otra de las leyendas cuenta que el dios de los bosques enfurecido por la fuga de los enamorados partió el río en dos, creando las cataratas. El Dios transformó al guerrero en un árbol en la parte alta del río y a la joven en piedra en la parte baja, para que se vieran pero separados por siempre.
Cuando ves las cataratas de cerca, realmente parece que la tierra bajo el río se hubiera partido en dos. Cada uno elige la historia que hay detrás: las leyendas guaraníes o la aburrida explicación geológica de la erosión del río formando canales y cascadas sobre la meseta basáltica hasta su abrupta caída.
¿Quieren saber más sobre los guaraníes? Nosotros también, así que nos adentramos en sus tierras.



























gracias 😊
Que sitio más maravilloso!!!! Me encanta la foto de la mariposa 😘😘😘