Pronto aprenderíamos que todo en Brasil es de extremos, y esta ciudad no podía ser menos. Con sus más de 20 millones de habitantes, es la capital del comercio, arte, gastronomía, moda… de todo Brasil. Es la Nueva York de Latinoamérica. Con sus miles de bares, restaurantes, museos y tiendas, todo tiempo es poco para conocer la ciudad. Afortunadamente, nos hospedamos en casa de locales y Verónica acabaría convertida en toda una paulista.
Sampa como lo llaman los lugareños tiene un encanto cosmopolita que cambia según los barrios repentinamente. Vila Madalena con su ambiente bohemio-chic atrae a los más hípsters/modernos en su larga avenida llena de galerías de arte y boutiques.
Existen miles de lugares donde degustar ricas cervezas artesanas en Vila Madalena. Aunque hay que pedirlas sem colarinho, ya que sino se la sirven a uno con 3 dedos de espuma. El ambiente refinado contrasta con lugares como el callejón (bico) de Batman lleno de grafitis, o la alocada plaza largo da Batata (en Pinheiros) donde hay mercados y exposiciones al aire libre e improvisadas Rodas de samba para sambar hasta el amanecer.
Esta urbe tan cosmopolita acoge además la colonia japonesa más grande del mundo, y en su barrio Liberdade puedes vivir una experiencia 100% nipona. Sus calles llenas de faroles rojos lo transportan a uno a otro lugar a miles de km. Como buen barrio japonés no faltan el sushi, los karaokes y miles de tiendas de alimentos importados. Sin duda es el lugar para ir a comer unos noodles, como les encantan a los brasileros.
Muy cerquita de allí se encuentra el centro de la ciudad, lleno de contrastes y joyas arquitectónicas Art Deco escondidas entre palmeras y vegetación tropical. Al pasear desde la plaza de la República a la plaza de Sé podrán verse rascacielos surrealistas. El edificio Copan construido por Niemeyer (el arquitecto estrella de la década de los 60) es tan grande que tiene hasta código postal propio. Además puede visitarse la biblioteca de la ciudad, la segunda más grande de Latinoamérica y el teatro municipal inspirado en la ópera de Paris. Esta mezcla de arquitectura europea y local crea un centro histórico variopinto y hermoso.
El edificio Copan
La Biblioteca Mário de Andrade (la segunda más grande de Latinoamérica–la primera está en Rio)
El Teatro Municipal
El impostómetro muestra el dinero recaudado en impuestos en Brasil en tiempo real, como muestra de transparencia.
Asombrados por tanto edificio y rascacielos no pudimos evitar subir al Martinelli, el más alto del país y de América Latina entre 1934 e 1947 (fue construido entre 1922 y 1934), y desde el que puede verse la gran urbe y el «empire state» brasileño (el edificio «faro» de Santander).
El edificio Martinelli
El edificio «faro» de Santander
Lo ideal para acabar una visita al centro es pasear por el mercado sospechosamente barato y variado de la calle 25 de marzo, y comerse un aceitosamente delicioso pastel frito en el mercado central.
Además de toda esta variedad cultural y arquitectónica la oferta de museos sobre todo gratuitos es interminable. Casi cada día de la semana puede visitarse uno sin repetir y sin pagar. Nuestro favorito es el Museo de Arte de São Paulo o MASP, ubicado en la gran avenida Paulista, la principal avenida comercial de la ciudad. El edificio diseñado por x ya es una obra de arte en sí mismo, pero fue la exposición de obras suspendidas en un único espacio lo que nos dejó boquiabiertos.
Además paseamos por la ostentosa y bulliciosa avenida que no deja a nadie indiferente.
En la avenida pueden encontrarse muchos centros culturales como la Casa das Rosas o la Japan House y alejarse del bullicio del trafico en el parque Trianon.
Otros museos como la Pinacoteca también nos sorprendieron por su gran colección de historia de arte contemporáneo y su emplazamiento.
La selfie de selfies en la pinacoteca 😉
A los brasileños les encanta hacerse selfies. Es casi una obsesión, van siempre con el celular haciéndose selfies casi sin mirar ni disfrutar el paisaje que los rodea…
Fueron más de 10 los museos que visitamos, y es imposible describir en detalle cada uno de ellos. Pero os dejaremos con imágenes de los más destacados para nosotros (IMS, MAC, SESC Pompeya).
Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB):

MAC (Museo de Arte Contemporánea):

Instituto Moreira Salles (IMS):

No todo fue cultura y arte visual, también nos dejamos llevar por la vida nocturna paulista y nos fuimos de bares y de fiesta.
El mayor pulmón de la ciudad y que congrega a cientos de paulistas cada día es el parque Ibirapuera. Allí aparecen al atardecer para hacer ejercicio al aire libre, refugiados del calor y con agua de coco en mano. Nosotros alquilamos una bicicleta y paseamos por sus lagos con vistas a los rascacielos circundantes. Además coincidió que había una feria artesanal en la que degustamos delicias locales como los brigadeiros, las tapiocas y mandiocas. La yuca (mandioca) se convirtió a partir de ese momento un imprescindible en nuestra compra semanal.
Aunque sin duda lo mejor de la ciudad nos lo llevamos con nosotros. Allí forjamos una gran amistad con Silvana y Rodolfo. No solo nos hospedaron y recibieron como en casa, sino que gracias a ellos conocimos el Beach tennis, la deliciosa pizza paulista, disfrutamos de agradables charlas en bares emblemáticos, compartimos risas, y al final nos despedimos por todo lo alto, con un concierto de Jorge Ben Jor celebrando el día de la raza negra.
Haciendo pan y empanadas con Silvana 🙂
Aprendiendo a jugar beach tennis paulista con Rodolfo, uno de los mejores 😉
Siempre llevaremos a Sil e Ro (y a Totti 🐶) y a la gran Sampa en el corazón. Nos costó despedirnos de todo, pero nos quedaban lugares increíbles por descubrir todavía.




















































