Atravesando la Chiquitanía

Dejamos la ciudad de La Paz y aceleramos hacia el este con un nuevo rumbo: Brasil. A lo largo del viaje hemos ido trazando la ruta sobre la marcha, casi improvisando, sin un plan muy premeditado. Tampoco nos lanzamos a ciegas, preguntamos, hacemos una búsqueda en nuestros libros y en la red para tomar esa importante decisión de ¿y ahora pa’ donde?
Queríamos conocer Brasil, pero las distancias y el tamaño del país (8.5 millones de km2, es el 47% del continente sudamericano y el 5° país más grande del mundo) nos echaban un poco para atrás. Después de meditarlo, tomamos la decisión correcta: afrontar 3000 km de carretera incluyendo un paso por el Pantanal, el humedal más grande del mundo (con tramos sin pavimento rodeados de animales salvajes). La dificultad añadida era el tiempo límite que teníamos, ya que Alejandro decidió coger un vuelo desde São Paulo para un viaje de negocios express.
Así pues, con la brújula siempre al este, condujimos para atravesar Bolivia a lo ancho con algunas paradas para disfrutar y descansar.

Primera parada: Cochabamba. Esta moderna ciudad es como otro oasis en medio de un país “en vías de desarrollo”. Mejor organizada y con aspecto de capital latinoamericana, Cochabamba tiene una mezcla de cultura europea y gringa (muy poco se ve de sus raíces indígenas).
Dimos una vuelta y apreciamos las pocas cosas que hay para ver allí.

atravesando la chiquitanía

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Para nuestra sorpresa, la empanada envenenada de la prisión paceña seguía causando estragos en los intestinos de Verónica. Así que tuvimos que acercarnos a una farmacia a probar un antiparasitario que no sabíamos si funcionaría o si la diarrea era por otro motivo… Por suerte (o conocimiento) dimos en el clavo y al día siguiente Verónica mejoró casi del todo.

Otro éxito de la medicina moderna

En nuestra corta estancia en la moderna ciudad también aprovechamos para trabajar un poco en un espacio de coworking, y lavamos ropa en la lavandería más curiosa de todo el viaje (hasta ese momento).

atravesando la chiquitanía

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Un auténtico garage-lavandería-sala de juegos

Nuestra siguiente parada sería Samaipata. Este pequeño pueblo jipi, lleno de artesanos argentinos (es impresionante como Argentina ha exportado tantos artesanos a todos los países del continente) está cerca del parque nacional Amboró, donde la vegetación subtropical alegra las vistas. A medida que bajábamos del altiplano notábamos cómo iba cambiando la vegetación y el clima progresivamente, con vistas espectaculares en todo el camino. Cada vez más verde y caliente. Cuando el termómetro ya no bajaba de 30°C nos dimos de frente con la realidad: chao (o hasta pronto) Andes y hola trópico.
Disfrutamos del pequeño centro y de una merienda en un bonito café.

samaipata

samaipata

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Decidimos no entrar al parque Amboró, porque como todo en Bolivia, no era fácil entrar; y al ser tan «virgen» era obligatorio ir con guía… Nosotros preferimos ir por nuestra cuenta, así que optamos por aprovechar el poco tiempo que teníamos en el Pantanal.
Seguimos para bingo.

Próxima parada: Santa Cruz de la Sierra.
Santa Cruz es la ciudad más poblada de todo el país. Sin casi edificios altos parece una ciudad tropical bien conservada.
A parte del centro y la plaza principal había pocas cosas por ver y poco tiempo para perder. Un par de fotos y pa’ lante.

atravesando la chiquitanía

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El siguiente pueblo ya se encontraba a las puertas de la Chiquitanía, la región amazónica que llevaba ya un mes ardiendo en llamas. 😢
San José de Chiquitos fue un antiguo asentamiento jesuita y la sede de una de las muchas misiones que establecieron en el continente. Aunque los jesuitas fueron expulsados de Sudamérica por el Imperio Español en 1767, después vinieron a esta región los Menonitas, otra secta con una sociedad utópica basada en la agricultura.

De hecho uno de los puntos de interés es la bonita iglesia de las antiguas misiones jesuitas, la única construida en piedra de la región (más adelante aprendimos más de dichas misiones en territorio guaraní, lo que hoy es Brasil, Paraguay y Argentina).
Aquí el mercurio subía sin piedad y ya nos estaba sofocando el calor, cuando el lector marcó 45.5°C y no soplaba ni un suspiro, tuvimos que huir de allí.

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En las calles de San José de Chiquitos se pueden ver unos curiosos hombres blancos (vestidos de overol o peto azul) y mujeres (de vestido largo y pañoleta) de las colonias Menonitas, quienes rechazan toda forma de tecnología–algo así como los mormones.

Triste y desafortunadamente, nos acercábamos a una de las fuentes del calor: los horribles incendios que acechaban la Chiquitanía. El aire cada vez era más denso y el oxígeno más escaso, y está vez no era por la altura… que infortunio el nuestro y el de Bolivia. 😥

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Fue muy impresionante poder mirar el sol sin gafas y sin quedar cegado por la luz… el sol aún a lo alto parecía un eclipse al que se podía mirar directamente, de tanto humo que había en el aire.

Con los ojos aguados y tristeza en el corazón, atravesamos la Chiquitanía ilesos.

Nuestra última noche en la región fue en una minúscula aldea con un puñado de habitantes donde por supuesto despertamos curiosidad (y desconfianza, como siempre en Bolivia). Por suerte conseguimos sombra en un pequeño terreno vacío que se usaba para eventos de la comunidad. El lugar tenía un techo alto donde refugiar a nuestra casita rodante y escondernos del rey astro y sus cuarenta y pico grados 🥵. A pesar de haber pedido permiso a unos vecinos, por la noche nos visitaron los vigilantes de la comunidad con su moto y luces policiales (no oficiales) a verificar que nuestras intenciones eran puras.

Finalmente lo conseguimos, tras unos 2000 km desde La Paz llegamos a la frontera con Brasil, con tan mala suerte que llegamos a las 17:30 y ya estaban cerrando… buen horario el de los agentes de aduanas brasileros. Así que hicimos noche en el insulso pueblo fronterizo entre filas de camiones.

A la mañana siguiente cuando nos dispusimos a atravesar el límite fronterizo, fue el primero en todo el viaje que atravesamos sin darnos cuenta. Nadie nos paró, y sin percatarnos ya estábamos en Brasil! Eso sí, luego volvimos para hacer los papeles para no estar de ilegales 😂.

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