Valpo y Viña, la noche y el día de la costa Chilena

Nuestra llegada al principal puerto de Chile fue más que agradable. El clima acompañó durante todos los días y tuvimos el honor de hospedarnos en casa amiga. Nos recibieron tanto a nosotros como a nuestra casita rodante en el centro de Viña Del Mar. Allí pudimos descansar, ducharnos y disfrutar de la compañía felina que tanto extrañábamos.

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Viña resultó totalmente opuesta a su vecina valparaiso, ordenada y llena de edificios empresariales. Paseamos por su costanera repleta de palmeras y visitamos una de las únicas dos estatuas mohai originales que hay fuera de la Isla de Pascua. Curiosamente se encuentra en la calle, la otra está en el British Museum. Pero sobre todo nos dedicamos a beber y comer muy chileno y muy bien. La chorrillana, un plato para repetir casi a diario, y las birras locales geniales.

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A tan solo 10 minutos de metro llegábamos a Valparaiso, sin duda la estrella del lugar. Pese a haberse tenido que reinventar tras el terremoto de 1906 o la apertura del canal de panamá en 1914 ha sabido mantener su esencia. Muchos han sido los que han venido atraídos por esta frenética ciudad portuaria, dotando a la espontánea Valparaiso de una atmósfera de “casi todo vale”. Esto junto con su particular emplazamiento, el ambiente cultural que se respira, sus grafitis, y sus ascensores históricos hacen de ésta una ciudad con una personalidad arrolladora.

Nos pasamos varios dias caminando entre sus caóticos cerros, sus laberínticas y sinuosas calles grafiteadas, sus callejones y escaleras/ascensores. Los 15 ascensores, que datan desde 1883 hasta 1916, remontan las duras colinas hasta los cerros, donde se encuentran los mayores atractivos de la zona. Los de Concepcion y Alegre son los mas céntricos, y pasear por ellos es sorprenderse cada momento con sus murales que decoran las coloridas casas del s XIX.

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Ademas de estos dos, se puede sudar la gota gorda para ver los otros cerros. Nosotros nos aventuramos al de Bellavista para ver el museo a cielo abierto y cogimos varios funiculares, uno de ellos el mas antiguo de la ciudad, el de cerro Barón, menos conocido pero con unos murales gigantescos.

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Aprovechando la subida a este último, fuimos al mercado central donde comimos unos exquisitos platos locales. Machas la parmesana y chupe de jaiba. Buenisismos!

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Despues de llevar varios dias vagando perdidos en la ciudad que a todos atrapa, entre las comodidades de estar en una casa con ducha y lavadora diaria, decidimos despedirnos por todo lo alto. ¿Cómo? Pues con unos fabulosos piscos 100% chilenos, con limón pico 👌🏿. Para cambiar de tanta cerveza artesana, ja. En un restaurante con vistas panorámicas de la ciudad.

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Al día siguiente aun eclipsados (pero de verdad porque vimos el eclipse solar del 2 de julio) recogimos nuestras pocas pertenencias, le dimos propina al vigilante del edificio que nos había dejado guardar la furgoneta extraoficialmente en el edificio, y pusimos rumbo a la costa norte.

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Decirle adiós a Luís Miguel, Natalie y Smichu, fue una dura despedida… pero toca seguir. Hasta pronto amigos ! Fue un placer 😻

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