Nuestra aventura continúa entre estas dos regiones: la región de los Ríos y la Araucanía.
Disfrutando de los paisajes de la ruta interlagos, nos dirigimos a Coñaripe, a orillas del lago Calafquén. A medida que subíamos más al norte, el clima mejoraba un poco y los volcanes empezaban a brotar como plantas después de tanta lluvia. En la ruta que bordea el lago se pueden apreciar los volcanes Quetrupillán y Villarrica.
Después de comer al borde del lago decidimos ir a las famosas termas geométricas, para un merecido descanso después de tantos kilómetros bajo la lluvia.
Este balneario está en una zona atestada de termas. Las hay de todos los colores, precios y olores. La carretera que pasa por varias de ellas es bonita por si sola, con el suelo negro de roca volcánica.
Las Geométricas, son unas termas enclavadas en un pequeño valle, donde han conseguido integrar un balneario de piscinas entre la vegetación selvática de la zona. Una maravilla arquitectónica y un paisaje sin igual. Solo tiene dos cosas no tan buenas: el precio excesivo y el gentío que siempre hay (una ironía verídica)
Al llegar recorrimos todas las piscinas y decidimos meternos en la única que estaba vacía. Después de arrugarnos como uvas pasas descubrimos el porqué de nuestra suerte, y es que era la poza con el agua más caliente de todo el complejo termal. No hubo vuelta atrás, no se puede pasar a algo más frío sobre todo cuando en el exterior hay tan solo 5grados de temperatura. Chapoteamos a 43 grados durante aproximadamente 5 horas, había que sacarle jugo a esos 70 euros.
Ya de noche nos fuimos sin ducharnos porque no tienen duchas para que puedas absorber por la piel cada milímetro de mineral volcánico. 🤷🏾♂️
Esa noche dormimos al lado de una locomotora antigua abandonada.
A la mañana siguiente intentamos atravesar el P. N. Villarrica para llegar al pie del volcán homónimo. Desafortunadamente, el camino estaba tan nevado y congelado que lo único que conseguimos fue hacer trineo con la furgoneta y poner las coronarias a trabajar. Así que media vuelta y agarramos el camino largo (pero asfaltado y sin nieve).
Nuestro destino era Pucón, otro pueblo a orillas de un lago con un volcán de fondo. Qué raro! (El combo de la zona: lago, pueblo, volcán).
Pucón es otra localidad hiperturística. En la zona se puede hacer de todo, en verano hay actividades en el agua y trekkings, y en invierno más trekkings y hasta una estación de esquí en el mismo volcán. Nosotros tuvimos que elegir ya que la madre naturaleza sólo nos había pronosticado un día de sol en toda la semana.
Así pues nos fuimos corriendo a la Reserva de El Cañi, que cumplió con todas nuestras expectativas. Este pequeño parque está en parte en un terreno privado. Madrugamos y aprovechamos el día entero para disfrutarlo (y otra vez sin pagar una fortuna, como suele ser en Chile 😉). La primera parte del sendero es dura y poco atractiva, un ascenso empinado sin vistas. Sin embargo el tramo final y la cima lo hacen valer absolutamente la pena. Cuando empezó a haber nieve fue cuando se puso bonito. El sendero atraviesa diversos bosques que van cambiando, con fauna y flora variable (y algunas vacas locas en medio del monte). De repente aparecen las araucarias, miles y miles concentradas en un bosque. La araucaria es el árbol emblemático de la región y de Chile (tanto así que el símbolo de todos los parques naturales es una araucaria).
La subida final es la más dura, con el camino congelado cada paso es una lotería. Al llegar a la cima, todo se olvida. Con el sol iluminando los 5 volcanes que se pueden ver desde allí, rodeados de lagos y un mar de araucarias, solo le dábamos las gracias a la Pachamama (y a los chocolates que nos dieron energías para poder llegar arriba). Ahí nos quedamos disfrutando de la espectacular vista casi una hora.
A la hora de bajar nos acordamos de las sabias palabras de un gran alpinista “cuando llegas a la cima es que empieza lo difícil (la bajada).Con a penas energías y las horas de luz medidas a ras, decidimos lanzarnos (literalmente) para disfrutar de esa exigente senda congelada de bajada. Nuestra solución: el body sleigh o trineo
de pobre. Cuclillas, cojones, cuidado y al final el culo colorado. Llegamos como los monos, juagados de la risa y con el culo pelado (pero eso sí, sanos y salvos).
Después de ese duro pero enriquecedor trekking fuimos a dormir a orillas del lago Caburgua. Otra vez se nos vinieron las nubes encima, pero pudimos disfrutar de la playa negra y las vistas del lago.
El siguiente pueblo no logró retenernos mucho. Villarrica parecía ser una versión menos explotada de Pucón, pero no resultó ser cierto. Con poco que ofrecer y la noche que nos caía encima decidimos pasar de largo y dormimos en una minúscula aldea más alejada del lago.
A continuación nos adentramos en el mundo de las fajas. ¿Cuáles fajas? Las miles de Fajas que cruzamos en la ruta de ahí en adelante. Es que en Chile es donde probablemente se encuentran los pueblos con nombres más bizarros, absurdos e inigualables. Esta es nuestra selección de los mejores que vimos en la ruta (y eso que no fuimos al Salto del Calzoncillo).
La ruta nos llevó a la ciudad de Temuco. La capital mapuche de esta zona, enorme y caótica. Un pueblo que se volvió ciudad donde el orden se fue corriendo (y nosotros hicimos lo mismo).
Como veíamos que ya no había tanto por ver y nos quedaba mucho por recorrer nos pusimos un reto: una región por día hasta Santiago. ¿Lo conseguiremos?

















































