Tras pasar por un camino lleno de fiordos llegamos a las proximidades del parque nacional Queulat. Allí dormimos a los pies de un lindo fiordo, mientras cocinábamos al aire libre (entre 0 y 5ºC gracias) disfrutando del atardecer y la visita de unas toninas (una especie de delfines negros chilenos) y nutrias autóctonas (el huillín). Una experiencia inolvidable.
De ahí llegamos ya al siguiente y genial atractivo de la Austral, una belleza natural enclavada entre montañas, el glaciar colgante conocido como el Ventisquero Colgante. Un agradable paseo entre los exuberantes bosques nativos lleva hasta el mirador. Desde ahí puede apreciarse el gigante de hielo colgando en las rocas, dejando caer el agua milenaria a modo de cascadas heladas que llenan el lago y nutre los ríos a sus pies. Nunca habíamos visto algo similar.
Desde ese punto seguimos por la carretera Austral y pasamos por el curioso pueblo de Puyuhuapi. Fundado por inmigrantes alemanes en 1935, esta pequeña aldea aún conserva curiosas casas de montaña de estilo europeo.
Ahí descansamos una noche y seguimos nuestra ruta rumbo a la “ciudad” de Chaitén, un pueblo con una interesante historia de superación y renacimiento, como otros muchos en Chile.
Nadie pensaba que era un volcán hasta que en mayo de 2008, el Chaitén, estalló en una erupción que duró un mes entero, con una columna de ceniza que se elevó hasta los 20 km de altitud llegando tan lejos como hasta la ciudad de Buenos Aires (a más de 1500 km de distancia). En una semana se emitieron más de 1000 m cúbicos de ceniza riolítica, y en pocos días la ola piroclástica enterró la ciudad casi por completo. Por suerte los 4000 habitantes fueron evacuados, pese a la resistencia de algunos locales que tuvieron que ser sacados a la fuerza, y no hubo víctimas humanas (pero si animales, incluyendo miles de reses 🙁).
El gobierno permitió la vuelta de la gente en 2010. Se reconstruyó el pueblo en un nuevo emplazamiento. Muchos otros valientes, en cambio, decidieron volver a sus casas y reconstruirlas. Al recorrer sus calles nos topamos con el museo al aire libre, donde aún pueden verse las casas enterradas, y partes del pueblo a medio construir. Una experiencia que pone los pelos de punta. En el pueblo disfrutamos ademas de sus playas volcánicas de arena negruzca, oscuras y tropicales a la vez.
Cuando el tiempo empezó a mejorar—y es que llevaba días lloviendo sin darnos tregua, pudimos visitar el parque Pumalín. Este parque natural es de los pocos gratuitos que tiene Chile, porque es privado. Un estadounidense, Doug Tompkins, lo compró años atrás para proteger esta zona de la tala indiscriminada y expansión de la industrialización. El resultado: un parque casi virgen, lleno de vegetación, volcanes, alerces, ríos, cascadas y fauna únicas. Nos enamoró todo, sus campings impecables gratuitos 😉, sus decenas de caminatas y su flora. Allí pasamos unos días de travesía. Subimos al volcán Chaitén primero, que al llegar a la cima lo tapaba la niebla, pero súbitamente despejó y se dejó ver (así es el tiempo patagónico, cambiante y loco).
Escondido entre nalcas
Los demás días paseamos por senderos llenos de alerces y nalcas y dormimos invadidos por el agua y las plantas.
Uno de los imponentes alerces milenarios que abundan en el parque (pueden llegar a medir hasta 60 m y tener un tronco de 5 m de diámetro 😱)
Pasadas ya varias semanas por la X región, llegamos a un punto en el que la carretera se continúa por un cruce en—🥁🥁🥁— ferry! No es un chiste. Esta zona del país esta “conectada” pero rodeada de agua… así que es inevitable navegar algún tramo.
En Caleta Gonzalo, en el límite del parque Pumalín, toca coger un ferry al norte, o bien devolverse a Chaitén y coger otro ferry a Chiloé. Nosotros optamos por la segunda ya que queríamos cambiar de paisaje y comenzar a subir por la famosa carretera panamericana!
Otra vez subidos a un ferry nos dirigimos al hito 0, punto donde acaba (o comienza para nosotros) la carretera panamericana. Como siempre del final para arriba, ja!





































Espectacular tanto el relato como las fotos, menuda luz.
Un saludo y a seguir disfrutando 👏👏👍👍
Me fascina la mezcla de culturas, la flora y la fauna de esa parte del mundo 🥰🥰🥰🥰