Antes de emprender el camino a Ushuaia no habíamos mirado ni planeado mucho cómo llegar, ya que veíamos el destino muy lejos. Hicimos bien, porque si alguien nos hubiera dicho que en dos días teníamos que atravesar 2 veces la frontera, hacer papeleos migratorios 4 veces y coger obligatoriamente un barco (es una isla!), igual no vamos… parece mentira, pero nada más lejos de la realidad.

Desde Río Gallegos, al sur del continente Argentino, fuimos al primer paso fronterizo habiendo comido previamente todos los alimentos frescos que teníamos, ya que no están permitidos al pasar la frontera. En la primera parada del lado argentino comenzaron los papeleos (migración, policía y anular el permiso de circulación de la furgoneta) y de ahí hay que conducir hasta el límite chileno. Allí los mismos 3 trámites (cada uno en una oficina diferente) más la declaración jurada de no portar nada ilegal y la inspección del vehículo en busca de contrabando alimentario… un planazo vaya. Cuando finalmente acabamos todo ya estaba anocheciendo así que descansamos cerca de la frontera y a la mañana siguiente… otra vez! Sin desayunar porque nos dejaron sin comida, coge un barco y de nuevo a la frontera.. a hacer lo mismo por duplicado, pero además sumamos 13 km entre la frontera de Chile y Argentina. Esta No Mans Land es literalmente un espacio en tierra de nadie que hay que atravesar por cuenta propia para llegar nuevamente al lado argentino. Éxito! Después de esos sencillos pasos ya estábamos en Tierra del Fuego. Parece que no lo pensaron mucho cuando repartieron los terrenos allí, ya que la gente de que vive en esa zona y quiere ir a su país más al norte tiene que hacer cada vez todo lo que hicimos nosotros! Muy loco.
Es verdad que rápidamente se nos olvidó tanto trámite y tanta amabilidad fronteriza (gracias aduaneros por las bonitas palabras) y corrimos a los brazos de la ciudad más austral del mundo, Ushuaia.
Allí tuvimos un emocionante encuentro familiar colombo-británico medio de sorpresa. Así, pudimos disfrutar de un día junto Camila y James. Un placer pasear con ellos por los miradores de la ciudad el primer día, nos ayudó a hacernos una idea de la inmensidad de la City, no era como la imaginábamos. Puede ser que la imaginación vuele mucho, y que cuando te hablan del “fin del mundo” te imagines algo más aislado, más idílico, y la verdad no fue así. Nos recibió una ciudad. Una urbe con todas las letras. La experiencia fue peor porque entramos por la zona industrial. Nos costó olvidarnos y aislarnos de esa idea, pero lo conseguimos gracias al parque nacional Tierra del Fuego.
El parque ubicado al pie del canal de Beagle fue nuestra medicina, nos proveyó de paisajes tanto montañosos, como boscosos, como marinos. Resulto un parque muy diverso, con muchos trekkings y caminatas de dominguero para hacer. Pasamos las 72 h que nos permitía la entrada, lo recorrimos casi al completo y aprendimos de su diversidad faunística y cultural. Todavía seguimos asombrados con que los Yamanes que allí habitaban se cubrieran únicamente con una piel de foca en sus hombros y vivieran en chabolas, porque hace mucho frío! Aún así, como no, Alejandro tuvo que catar las aguas más al sur de la tierra en las que se bañaría.
También visitamos el correo del fin del mundo y acampamos en bosques y ríos casi vírgenes.
También en el parque nos encontramos con animales únicos como el pájaro carpintero de Magallanes, el carancho y decenas de aves autóctonas de la region. Curiosamente, no hay ningún anfibio por esas latitudes a pesar de la humedad—que hay de sobra.
Llegar allí fue como un alto en el camino. Llevábamos meses pensando en ir más o menos deprisa para no agarrar el frío del invierno austral así que una vez allí bajamos el ritmo, descansamos y disfrutamos de unos días de relajación. Ushuaia nos gustó al final, apreciamos su bahía y su mar. A lo que menos nos adaptamos fue a la comida! Casi toda la importan congelada y tiene poquito sabor, en los supermercados se puede leer en muchos productos: “producto descongelado, no volver a congelar”.
También aprendimos que en las gasolineras se imparte sabiduría popular y duchas gratis por llenar el tanque. Tuvimos intensas charlas nocturnas con el playero de turno que no podía dormirse ni callarse. Él nos explicaba la diversidad argentina e intentaba arreglar el mundo. Lo más sorprendente que nos dijo es que la mayoría de los terrenos en Ushuaia son usurpados, mentira o realidad? Quien sabe.
Antes de irnos hicimos un trekking a las afueras de la ciudad. Se pueden disfrutar de muchos paseos, pero elegimos subir a la laguna Esmeralda, tan bonita como embarrada. Fue nuestra despedida. El día siguiente empezó a nevar intensamente, como una invitación a seguir, a despedirnos del fin o, mejor dicho, del principio del mundo! De allí empezamos de nuevo, el nuevo camino, ahora sí de subida… Seguiremos relatando desde Chile, otra vez!


























































