Finalmente decididos por completar la extenuante ruta 40 seguimos firmes con un objetivo en mente: llegar al pueblo del Chaltén. Así pues, y como si de un trabajo se tratase (ya no nos acordábamos de qué era tener un horario), empezamos a conducir aprovechando todas las horas de luz. Puntuales como los ingleses y con rigurosidad germánica nos turnábamos el volante de 9h00 a 17h00.
La única parada que hicimos en nuestro trayecto de Trevelin al Chaltén fue la visita a la famosa Cueva de las manos. Exactamente no es una cueva, pero es un cañón el cual posee entre sus paredes pinturas rupestres (en su mayoría manos) de hasta 9000 años de antigüedad. Un tesoro histórico que evidencia la existencia de civilizaciones nómadas en ese lugar tan remoto. Una visita que sin duda merece la pena.
Como ya los admiraban los antiguos habitantes nómades de la región (y se puede evidenciar en las pinturas rupestres), en esta zona hace más de 9000 años que viven unas curiosas criaturas.
Quizás el camino por la ruta 40 no posea muchos más atractivos, pero lo que sí abundan son esas criaturas, los guanacos. Unos primos hermanos de las llamas que habitan en esa zona desértica y que te amenizan el paseo.



También nos amenizó el viaje una pequeña aventura y encuentro inesperado. En medio de la carretera que atraviesa la inhóspita Patagonia con sus vientos huracanados y frío invernal, nos topamos con una kombi varada en medio de la nada (una antecesora de nuestra camioneta, una Volkswagen camper de 1985, la mítica T2–la nuestra es la T5 que salió en 2006). El rescate fue el inicio de una bonita amistad con una pareja de franceses overlanders como nosotros (@lucasetmargot)–con quienes nos encontraríamos más veces a lo largo de nuestro viaje. Se les había parado la camioneta y no arrancaba, la noche acechaba y el frío viento patagónico también. La urbanización más cercana: a casi 300 km. Señal de celular? ja. Por suerte había un pequeño paradero-hotel 7 km hacia atrás de donde veníamos. Al final los remolcamos hasta allí para que se resguardaran y pudieran contactar a algún mecánico del pueblo que los sacara del apuro. Afortunadamente pudieron arreglar el problema ellos mismos y lograron conducir hasta el taller más cercano sin problemas. El reencuentro con Lucas y Margot será otro capítulo en el futuro… 😉
Después del rescate ya nos había cogido la noche así que tuvimos que parar en el ininteresante pueblo remoto de Gobernador Gregores. Un pueblo aburrido, pero con el sol hicimos bonitas fotos del lugar donde dormimos, casualmente al lado de otra kombi de overlanders argentinos quienes viajaban con su perrita (@darle_lavuelta).
La parada en Gregores es casi obligada, ya que a la salida del mismo comienza un trayecto de ripio con barro de 70km. Es tan inestable el terrero que cuando llueve cierran esa carretera durante dias o semanas. Nosotros tuvimos suerte y dado que los dias previos habían acompañado pudimos seguir sin problemas. Otro obstáculo superado en nuestro camino al sur 💪🏿 (no hay fotos porque el pulso no aguantaba).
Próxima parada: El Chaltén.
















