Regulares Aires

Algunos argentinos dicen que lo peor que tiene Argentina son los argentinos. Otros menos críticos dicen que son los bonaerenses los responsables de esa mala reputación. Incluso hay quienes especifican que son los porteños (provenientes del antiguo barrio del puerto). En definitiva, como todo en la vida, es cuestión de porcentajes o proporciones. Pero después de estar 4 días en la capital argentina, podemos decir que esa mala fama no es gratuita. Ahora bien, también es cierto que aún en la Capital Federal conocimos a locales extraordinarios, amables, y siempre dispuestos a echarte una mano. Lamentablemente no son la mayoría.

Buenos Aires tiene su encanto, es verdad; el problema es que a veces se esconde detrás de esa metrópoli latinoamericana que va a un ritmo frenético y que no para ni para respirar.

Puede ser que nuestra llegada a Buenos Aires haya estado sesgada por el primer incidente que tuvimos a penas cruzamos la frontera desde Uruguay.

Cruzar la frontera es bastante simple, solo se muestran los papeles y se paga un peaje ($3 USD). Bienvenidos a la Argentina. Sin tener que pagar nada más y sin inspección alguna (más que el vistazo desde la ventana del conductor), nos dieron permiso para circular con nuestra camioneta durante 8 meses por el país.

Ni siquiera llevábamos 20 km recorridos cuando una piedra que saltó al parabrisas acabó con nuestra felicidad. En ese tramo la carretera no está en muy buenas condiciones, y tal como dijimos antes, la vida son porcentajes, probabilidades. La lotería esta vez nos tocó. Un agujero de unos 3-4 cm en medio del parabrisas fue como un jarro de agua fría 😖. Bienvenidos a Latinoamérica.

Con las energías aminoradas, nos dirigimos a un camping ubicado cerca del Tigre, una ciudad a pocos km de Buenos Aires. En medio de un barrio poco hospitalario nos encontramos con la puerta cerrada. Eran las 22h, estábamos agotados y acongojados. Menuda lotería.

Afortunadamente el Universo puso a Alberto en medio de nuestro camino. Tras perdernos intentando salir de ese inhóspito lugar, y en busca de un sitio para descansar, nos encontramos con un funcionario de la prefectura marina local que nos vio la cara descompuesta y nos tendió la mano. “Se pueden quedar a dormir acá, yo estoy vigilando toda la noche. Pueden usar los baños de en frente si quieren, y ya mañana siguen la ruta”. Una ducha caliente ayudó a lavar esas energías negativas que arrastrábamos.

Ya a la mañana siguiente vimos que lo de en frente era un club náutico privado (pero la reja estaba abierta…).

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Renovados, limpios y con buenas energías, nos dispusimos a buscar un lugar donde arreglar la avería del parabrisas. No parecía tarea fácil, un sábado a las afueras de Buenos Aires.

Con actitud positiva y un poco de suerte dimos con un lugar donde nos podían arreglar el vidrio. Al llegar vimos que era una casa particular en medio de un barrio residencial. Aunque pensábamos que nos habríamos equivocado llamamos a la puerta. Nos recibieron Leopoldo y Agustín con su gato y su perro. Preguntamos con cara de perdidos, pero ahí era. Ellos eran nuestros salvadores. Aunque no lo parecía, en su casa tenían el “taller” para reparar parabrisas. Sacaron un carrito con las herramientas y nos explicaron todo muy bien. Hasta nos sacaron unas sillas para que esperáramos cómodamente en su jardín mientras nos reparaban el daño. Por tan solo 20 € ya estaba arreglado el problema. Después de una agradable conversación, y recibir unos consejos de ruta para nuestro siguiente destino (La Patagonia), pudimos seguir nuestro camino.

Nada más entrar a la capital bonaerense ya nos encontramos de frente con el caos de la capital y de sus más de 13 millones de habitantes.

Una vez allí caminamos por la ciudad y fuimos a todos los lugares emblemáticos. Aunque es bonita, el centro de la ciudad no nos sorprendió especialmente. Los principales puntos de interés turístico no tienen un carácter único. Su aspecto es muy similar al de cualquier ciudad grande y tiene un aire europeo mezclado con la cultura latina. Eso sí, Buenos Aires le encantará a todo el que disfrute de ir a restaurantes, de compras y busque gozar de la oferta cultural y nocturna.

La verdadera esencia de la ciudad está en sus barrios. San Telmo, que antes albergaba talleres y artistas, ahora tiene un ambiente bohemio, y hay mucho que ver, hacer y comer entre sus calles adoquinadas. El mercado de antigüedades de los domingos, aunque muy turístico, es muy recomendable. Se puede oír tango en la calle y tiene una interesante oferta artesanal.

La Boca es un barrio más humilde. Una vez se sale de la muy visitada, colorida y abarrotada calle de Caminito, se puede apreciar la autenticidad de este barrio.

Palermo es un barrio más ”chic“ famoso por sus parques. Allí hay mucho comercio y poco más. Lo mejor de nuestro paso por allí fue la pequeña lavandería informal donde una china nos lavó toda nuestra ropa sucia por 100 pesos (2 €).

Otra cosa que nos sorprendió de la capital fue el hecho de haber podido dormir en nuestra camioneta en plena ciudad. Pudimos encontrar lugares tranquilos y seguros donde descansamos durante 3 noches sin necesidad de salir de la ajetreada metrópoli.

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Argentina ha atravesado varias crisis económicas, y aún vive cierta recesión. Esto se vive en el día a día en las calle. Tal vez lo más sorprendente es la economía sumergida que se percibe en todas partes. “SOLO EFECTIVO” se puede leer en la mayoría de los comercios. Muchos aunque tienen datáfono y deberían admitir el pago con tarjeta, exigen efectivo… Por ejemplo, resulta sospechoso que en algunos quioscos se puede pagar bebidas o alimentos con tarjeta débito, pero el tabaco no. En algunas tiendas de ropa anuncian: 50% descuento con efectivo, 15% con tarjeta.

Para empeorar las cosas los cajeros cobran unas comisiones descomunales, y algunos establecimientos cobran 10% más si se paga con tarjeta… Todo el mundo sabe que en la calle hay un mercado negro de divisas, a mejor precio que en las casas de cambio. La inflación nos dejó boquiabiertos, nuestra guía de viaje de Lonely Planet del 2013 dice 1 euro = 7.29 ARS, el cambio actual ronda los 50 ARS… No parece que el turismo les vaya a ayudar a salir de la crisis actual.

Todo esto nos chocó mucho más viniendo de Uruguay donde casi todo se podía pagar con tarjeta e incluso a los extranjeros les devuelven automáticamente el IVA al pagar con ella (es una reciente política del gobierno para incentivar el turismo).

No queremos que la gente deje de visitar Buenos Aires, hay gente muy chévere y lugares especiales. Solo hay que tener paciencia, tolerancia y saber encontrarlos (y llevar mucho efectivo ja).

Después de tanta city, huimos como un rayo hacia la desolada pampa argentina rumbo a la emblemática ruta 40. Destino: el fin del mundo.

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