La cordillera Huayhuash y Pasco, la entrada sur a los Andes peruanos

Para salir de la ajetreada y ruidosa capital de Lima hacia el norte hay básicamente dos rutas. La panamericana (pegada al borde costero) y la troncal (que se adentra hacia la montaña al este para luego subir al norte). Ambas igual de colapsadas y repletas de camiones y trufis (el trufi es como se conoce a los vehículos de transporte público colectivo en Bolivia; nos encantó ese original y tierno nombre, y a penas ahora—mientras escribimos esto— aprendimos que viene de TRUFI: Taxi de RUta Fija).  La diferencia es que la costera está llena de policías corruptos y no tiene montaña, así que nos decidimos por la segunda opción. Había llegado nuestra hora de volver a los Andes después de varias semanas sofocantes al borde de la árida costa. 

Desafortunadamente para Verónica que llevaba más días incubando la leve diarrea, el día de salida, sin hostal y con un denso tráfico repleto de atascos eclosionaría 💩, como si estuviera esperando el momento ideal. Aunque más leve que la de Alejandro, al final también requirió de tratamiento no por su intensidad sino por su persistencia en llamar la atención en medio de los atascos. Entre la diarrea y la concentración de camiones no pudimos avanzar mucho, y tuvimos que dormir al borde de la carretera en uno de los tantos pueblos insulsos pegados a la carretera. Nuestra llegada a la pequeña localidad no pasó desapercibida. Nuestro ir y venir cargados de piedras mientras intentábamos rectificar el terreno llamó tanto la atención que varios curiosos se acercaron a chismosear, se quedaban mirándonos en silencio intentando averiguar qué era lo que queríamos hacer recogiendo piedras de un río. Nos entretuvimos con su visita y con el satisfactorio trabajo de aplanar el coche y evitar una noche pegados al vidrio. Este fue el exitoso resultado: 

huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco

A la mañana siguiente, con Verónica milagrosamente recuperada tras una sola dosis de antibiótico, afrontamos la pesada y aburrida carretera. Entre camiones, pasó el día y a duras penas conseguimos un sitio cerca de un club de golf donde refugiarnos y descansar ya caída la noche. 

Tras un par de días de monótona conducción llegamos a una laguna altiplánica: la Chinchaycocha, que con su belleza hizo que el arduo camino valiera la pena. Emplazada en medio de la Reserva Nacional de Junín, es un lugar hermoso, tranquilo, y silencioso, repleto de fauna y flora local, sobre todo aves que sobrevolaban la furgoneta con su tranquilo vuelo. 

huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco

Muy cerca de ese lugar se encontraba una zona famosa por sus rocas, el bosque de rocas de Huayllay, y por ende un paraíso para escaladores. Por unos pocos soles se puede entrar y pasar varios días en esta zona protegida, caminando por sus escarpadas laderas rocosas y disfrutando de sus coloridos atardeceres. Un sitio muy recomendable alejado de las rutas turísticas en el que solo nos cruzamos con un puñado de locales (humanos y animales) y nos divertimos adivinando formas en la piedra. 

huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
Nuestro lugar de acampada
huayhuash y cerro pasco
Algunas de las formas sobre las rocas (arriba el viajero, abajo la llama)
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
hayhuash 2
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
hayhuash 1
huayhuash y cerro pasco

Muy cerca de ese lugar está la ciudad de Cerro de Pasco. Una ciudad que inicialmente se formó como un asentamiento minero, y que con los años se creció, llegando a ser una capital de provincia en toda regla, con incluso varias universidades. Su particular emplazamiento a más de 4300 metros de altitud, y su terreno rico en minerales, bien le han valido su fama. Rodeado de grandes cordilleras como el Huayhuash o el Huascarán—además del bosque de piedras y la Reserva Nacional de Junín—, suele ser un lugar de paso para los viajeros que optan por esta ruta alternativa lejos de la Panamericana. Nosotros, como buenos científicos, no pudimos desaprovechar la oportunidad de investigar sobre la salud de las mujeres que allí viven, y que adaptan su organismo a la falta crónica de oxígeno por la altura. Dormimos a las afueras de la ciudad en un pueblo en el que pasamos una de las peores noches en semanas. Nos despertaron dos veces durante la noche: la primera, fue en torno la 1-2 AM; se acercaron los de la seguridad ciudadana alertados por los vecinos que al vernos aparcados a las afueras del pueblo (en el estacionamiento del cementerio) pensaron que queríamos robarnos sus muertos—algo que según los de seguridad ya había ocurrido una vez—. La segunda, fue a las 8 AM cuando una local se acercó “a ver si estábamos vivos” porque recientemente, decía ella, había aparecido un cadáver en un coche abandonado en la plaza. Parece mentira que en un pequeño  y remoto pueblo del altiplano ocurra todo eso…

huayhuash y cerro pasco

A partir de ese día, conoceríamos las verdaderas delicias de las carreteras peruanas. Si pensábamos que lo habíamos vivido todo, estábamos equivocados: lo peor estaba por llegar. Apenas habíamos dormido 5-6 horas, entre las interrupciones y el insomnio provocado por los más de 4000 metros de altitud. Pero no nos quedó otra que sacar fuerzas de donde no teníamos para seguir adelante. Teníamos que averiguar el camino que nos llevaría al Huayhuash, y afrontar las terribles carreteras en obras, con derrumbes continuos, piscinas de barro, abismos vertiginosos, peruanos borrachos, y los obreros responsables de nuestra seguridad (todos mascando coca para sobrellevar las exigencias de la altitud). Un viaje de ensueño.

Habríamos disfrutado mucho más del camino sin todos esos percances a nuestro alrededor, pero el solo hecho de haber descifrado el camino y conseguir pasarlo (leímos de muchos viajeros que no lo conseguían) nos llenó de ánimo. Además, pasamos algunas lagunas altiplánicas increíblemente azules y transparentes, y descansamos al lado de un río en una pequeña área verde entre la carretera y el agua, donde nos bañamos y recuperamos fuerzas (lo sentimos, no hay fotos de esta parte 😔 … pero era increíble).

Al siguiente día, la explosión de lagunas fue aún mayor. Intentamos una ruta que se adentra en el Huayhuash por la zona minera. Gracias a la minería—paradójicamente—se mantienen las carreteras en “mejor” estado (o sea contaminan el agua y destruyen el medio ambiente, pero mantienen las vías que comunican el país… 🤷🏻‍♀️). Tras mucho preguntar, decidimos aventurarnos a conocer la cordillera del Huayhuash, mucho menos explotada que su vecina, la cordillera Blanca. La destrucción ocasionada por los humanos y por la minería altera el bonito paisaje, aunque igualmente puede disfrutarse del paisaje, las lagunas, los pueblos indígenas locales, y los imponentes nevados. La lluvia intensa que en esa época es la norma nos impidió adentrarnos más en la cordillera, además de que sabíamos que otra vez tendríamos que enfrentarnos a las leyes de las comunidades locales que todavía dominan la zona. 

huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco
hayhuash

Para nosotros pasar por allí mereció la pena, pero igualmente nos habría gustado meternos más en las montañas. Como bien lo dijo un viajero y compañero, no puede elegirse la temporada buena para todos los lugares en un año de viaje, y nosotros habíamos decidido priorizar el Huascarán en los pocos días soleados que sabíamos que estaban por llegar. Pasamos por varias localidades que emanaban autenticidad andina y donde los locales pasaban la tarde reunidos junto a las improvisadas canchas de volley. Una tradición seguramente importada pero que han integrado con gracia en su vida, y en la que participan todos los habitantes del pueblo, desde mujeres ancianas, hasta niños. 

huayhuash y cerro pasco
huayhuash y cerro pasco

Nuestra corta pero intensa incursión en la cordillera y sus carreteras nos dejó nuevamente una avería en la parte baja del vehículo, la manguera del depósito que tenía toda nuestra reserva de agua volvió a soltarse y perdimos toda la que llevábamos. Por suerte en esta ocasión nos encontrábamos junto a un río. Allí cerca aparcamos y pudimos arreglar y rellenar el tanque de agua. La hervimos y esterilizamos con nuestras pastillas potabilizadoras y cruzamos los dedos para que la diarrea no volviera a visitarnos por nuestra osadía. Por suerte no sería así en esta ocasión, parecía que nuestros intestinos se habían ido adaptando al agua de la montaña y nunca tuvimos problemas al beber del agua que brotaba de forma natural en ríos y lagunas de altura. 

Con agua y víveres volvimos a coger la escarpada y lenta carretera de serrucho. La travesía era agotadora, no solo por la velocidad media de 40 km/h, sino también por los terribles dolores de cabeza por conducir hasta 8 h al día al son del traqueteo de las trochas peruanas.

Pero no quedaba otro remedio si queríamos conocer la gran Cordillera Blanca. 

Deja un comentario